jueves, 8 de enero de 2026

EL BÚHO REAL

 

EL CASTILLO-SIERRA DE MIRABUENO.

Sigue lloviendo… Cae la tarde sobre la quebrada sierra del Castillo. El gran duque se despereza y comienza su ritual. Su profunda e insistente llamada amorosa propaga un quejío entre olivos y monte bravío. La fachada rocosa guarda impaciente su nido. El pueblo callado es testigo.

Instalados en los fríos invernales de enero, la soberbia estampa del búho real se recorta sobre su improvisada atalaya, desafiante, ajeno a todo. Poco le importa el continuo trasiego humano, sus molestas máquinas, sus ruidos y destellos, la gélida noche. En la mente del viejo macho


sólo cabe una razón. Todo queda relegado, el instinto ciega la necesidad, el tiempo apremia y nada importa. La fina lluvia encharca la voz del rey de la noche. Dos varas de envergadura lo coronan como amo y señor. Vuela majestuoso, vestido de silencio, para anunciar al viento que se desgarra de amor
.

Metidos en plenas nupcias, los búhos reales abandonan su vida discreta para exhibirse sin recato y conquistar a sus damas con sonoros y profundos cantos, que podrían resumirse en una sola sílaba, pero sobrada del mensaje y embrujo que la convierte en una de las manifestaciones más conmovedoras que se pueden escuchar en las frías noches de invierno.

El observador

Jesús García Luengo 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

REPRESENTACIÓN DEL BELÉN VIVIENTE EN GARBAYUELA

 


     Un año mas, el grupo de Teatro  ATROMPATALEGO, de

 Garbayuela, (Badajoz) ha organizado la representación del Belén

 viviente y diversos oficios de aquella época. 


     Desde el portal de Belén con María, José y el niño, hasta los Reyes

 Magos, con sus pajes, pasando por la Taberna, Posada, puesto de

 venta de fruta, carpintería, elaboración del chorizos, puesto de

 especias, lavanderas en el rio, panadería, artesanía del barro y

 numeroso publico, algunos ataviados de época.


     Es una representación que va consolidándose en estas fechas tan

 entrañables y a la que deseamos una larga trayectoria.


     Enhorabuena al grupo de teatro y a seguir la trayectoria

 emprendida.


    Aquí dejo el enlace para visionar el vídeo

    https://youtu.be/FCuidwcnGtw


     Que disfruteis de este trabajo del grupo de teatro Atrompatalego


     Saludos cordiales.




miércoles, 3 de diciembre de 2025

Danza de San Blas, de Garbayuela ( Badajoz )

 

APROXIMACIONES A LOS ORÍGENES DE LA

DANZA DE SAN BLAS DE GARBAYUELA DESDE

EL ESTUDIO MUSICAL DE SU MELODÍA.



                                                             por Emilio Ortega Camacho



Si quieres poder gozar

Las emociones que evocan

Los palillos cuando chocan

Por las calles al danzar,

Te deben de bautizar

Con una chispa que vuela

Desde el leño y la candela

Hasta el lugar del honor

Que tiene ser danzaor

Del pueblo de Garbayuela.

(E. Ortega)





1.- INTRODUCCIÓN.

La danza de San Blas, pertenece a las llamadas danzas de paloteo. Son danzas en los que los ejecutantes (aquí en Garbayuela llamados “danzaores”) golpean unos palos (en este lugar llamados “palillos”), uno contra otro o contra los de los demás integrantes que intervienen en la coreografía, al ritmo de la música que les va acompañando durante toda su actuación.



2.- ORÍGENES MAS COMUNES Y POPULARES.

La secuencia escénica y coreográfica de esta danza: -Jóvenes enfrentados golpeando sus bastones que pudieron ser espadas-, es muy probablemente la que justifica y sustenta la explicación de que debe de tratarse de una danza de tipo bélico por cuanto que con ella se intentaría demostrar las cualidades de fuerza, vigor y entusiasmo guerrero que ostentaban tener los intérpretes de la misma.

Otras opiniones, describen una explicación menos violenta, más bucólica y más festiva.

Garbayuela fue, en época de la trashumancia, un descansadero temporal para los rebaños castellanos, debido a que el escaso manto freático de su subsuelo provocaba la temprana aparición de yerba fresca y tierna, y a que contaba, además, con abrevaderos naturales proporcionados por un manantial cercano y la proximidad de un rio que, si no caudaloso, era lo suficientemente capaz de saciar la sed de los rebaños que pastaban en sus dehesas y baldíos en los meses de invernada.

Pudiera ser que los pastores que acompañaban al ganado, distrajeran su tiempo de ocio bailando entre ellos esta danza, usando como palillos los bastones, garrotes o cayados que utilizaban diariamente para arrear, dirigir o apriscar su ganado.

También es probable y hasta lógico que después de haber pasado los meses más duros del invierno en estos parajes, estuvieran deseosos de volver a sus lugares de origen y abrazar a sus familias y seres queridos. Y era por la festividad de San Blas cuando iniciaban los preparativos para su regreso. La devoción a este santo, congregaba en Garbayuela a un gran número de devotos, por lo que podrían haber decidido elegir este día para despedirse de los vecinos de este lugar y dar por terminada su tarea aquí, con esta manifestación folklórica. En ella mostrarían a los visitantes la vistosidad y la conjunción de sus movimientos.



3.- UNA NUEVA VISIÓN.



Nosotros, intentaremos dar a conocer, a través de este estudio, otra posible alternativa al origen de esta demostración artística. Y lo haremos, fijándonos en los dos elementos que han sido inequívocamente invariables, inalterables y perdurables en el tiempo: Su escenografía y su música.

Para ello describiremos, a cámara lenta, el movimiento reiterativo y recurrente que efectúan los “danzaores”. Y examinaremos, sucinta y sencillamente la partitura musical en la que se sustenta la melodía que apoya esta coreografía.



4.- DESCRIPCION ESCÉNICA

A continuación, hacemos una breve, pero prolija explicación, de las partes que configuran esta danza, a los solos y únicos efectos de que sirvan de apoyo y soporte a la exposición que, desde un punto de vista musical, queremos desarrollar.

Todos estos movimientos se ejecutan mientras los danzaores caminan hacia adelante o hacia atrás según el ritmo que marca la melodía que interpretan los instrumentos acompañantes; y lo realizan de acuerdo a los siguientes cuatro pasos o tiempos.

Primer tiempo: Con los dos palillos ligeramente en cruz y extendidos a la altura de las cabezas de la pareja de danzaores, con los dos pies juntos y apoyados ambos en el suelo, los cuatro palillos chocan con un golpe seco y contundente.

Segundo tiempo: El palillo de la mano derecha golpea una vez sobre la parte superior del palillo de la mano izquierda y el cuerpo se apoya sobre la pierna derecha o izquierda en función del sentido de la marcha. Si el sentido es hacia la derecha del danzaor, este primer paso lo dará con el pie derecho; si fuese a caminar hacia su izquierda, lo dará con el pie izquierdo. Es la forma natural de ambular.

Tercer tiempo: El palillo de la mano derecha vuelve a golpear otra vez, al palillo que sostiene la mano izquierda, pero en esta ocasión lo hace sobre su parte inferior y el cuerpo se apoya sobre el pie contrario al del primer tiempo.

Cuarto tiempo: el palillo de la mano derecha golpea, de nuevo, sobre la parte superior del palillo de la mano izquierda manteniéndose con él en una posición como de tijera y procediendo a elevar ambos palillos, a la altura del costado derecho, preparándose para hacerlos coincidir con los de su pareja mientras que, con un salto, une los dos pies en el suelo comenzando de nuevo a interpretar el primer tiempo. Y así, sucesivamente.



5.- ANÁLISIS MUSICAL.



5.1 – EL COMPÁS.

La mayoría de las composiciones musicales propias del folklore clásico extremeño están estructuradas bajo compases de tipo ternario, (jotas, rondeñas, fandangos). Sin embargo, esta danza, tiene su desarrollo en compases de tipo binario. Es decir: de dos o cuatro tiempos o pulsos Este tipo de compás, es propio de melodías semejantes a himnos, marchas, pasacalles o pasodobles, y es el indicado para composiciones adecuadas a paradas y desfiles militares. En este caso concreto y atendiendo a la escenificación descrita anteriormente, podemos afirmar que el compás utilizado es el denominado compasillo o también 4/4.

5.2 – LA MELODÍA.

Es una melodía corta, simple, sencilla, monótona y repetitiva. Discurre utilizando las ocho notas de la octava de una manera secuencial. Ascendiendo y descendiendo, correlativamente, por la escala de Do Mayor y usando la duración temporal que le corresponde a la figura de corchea.

5.2.1 – SU MODO.

la melodía está compuesta en modo mayor, lo que le da un aire todavía más marcial y enérgico, imprimiendo a la danza un carácter fuerte y vigoroso.

5.2.2 – SU TONALIDAD.

Tiene una tonalidad de DO Mayor, por lo que resulta fácil de ejecutar al carecer de alteraciones.

5.2.3 - SU AIRE.

Al inicio de su partitura escribiríamos: Marchoso.

5.2.4 – SU VELOCIDAD.

Para su ejecución, el metrónomo lo situaríamos en 124. Curiosamente esa velocidad coincide con la cadencia de paso con la que desfila la infantería del ejército español, aunque debo decir, que algunos directores de bandas de música militares como Manuel Grao, sostienen que la velocidad correcta sería la de 120 pasos por minuto.

ACLARACIÓN: Allá por diciembre del 2017, realicé una transcripción musical y su consiguiente puesta en audio de esta partitura, al objeto de que sirviese de soporte y entrenamiento para los alumnos aspirantes a danzaores y para que fuese utilizada en los ensayos de los días previos a la festividad de San Blas. La reconocida erudición y experiencia, en esta y en otras muchas tradiciones de Garbayuela de nuestro paisano: Luis A. Agenjo Rivas, hizo recomendable estimar las indicaciones que me hizo llegar por email sobre la conveniencia de bajar esta velocidad hasta la cifra de 121/ 122, sugerencia a la que accedí sin dudar. Así es que cada

vez que se ejecuta esta danza con el audio digital definitivo que le envié, ésta se interpreta a la velocidad sugerida.



5.2.5 – SU ARMONÍA

La armonía no tiene ninguna complicación. Va alternando acordes de tónica y dominante constantemente.



5.2.6 – SU ESTRUCTURA

Su única estrofa comienza en un compás de anacrusa al objeto de que el golpe de los cuatro palillos, coincida con la parte fuerte del compás, siendo esta la primera del mismo.

Como Coda, utilizan una forma muy castrense y cuartelera de finalización. Consiste en cantar a viva voz, cuando el danzaor que figura en primer lugar lo decide, los números UNO, DOS, TRES; haciendo coincidir el UNO con la primera parte del antepenúltimo compás; el DOS con el primer tiempo del penúltimo, y el TRES con la primera parte del último. Se completa así el primer compás de anacrusa, cerrando la partitura de una manera correcta y acertada.

5.2.7 – SU INSTRUMENTACIÓN.

Ignoramos para qué instrumento fue escrita esta composición. Pero su carencia de alteraciones y la utilización de una sola octava, nos hace suponer que lo fue para un instrumento fácil de ejecución. Posiblemente flauta o pífano. Aunque no descartaríamos que originariamente el uso del redoble del tambor fuese el único instrumento solista.

Los golpes de los palillos, también adquieren aquí un papel relevante; Son los que van marcando los cuatro tiempos del compás, a modo de metrónomo. Y ayudan, apoyan y mantienen la sincronía del desarrollo de la danza.



6.- A MODO DE HISTORIA.



6.1 – LOS QUINTOS.

Con la llegada al trono de España de los Borbones, a principios del siglo XVIII, se implantó un método de reclutamiento conocido como “Las quintas” (uno de cada cinco), al objeto de incorporar al ejército las tropas necesarias para su cometido. Posteriormente, La Constitución de 1812 (La Pepa) establece el servicio militar obligatorio en su artículo 361. Sin entrar en detalle en la forma de su aplicación, este mandato significaba que, cada año, todos los jóvenes varones que cumplieran una determinada edad, tenían la obligación de ingresar en el ejército para cumplir con ese deber, allí donde fuese destinado.

A aquellos que llegaban a la edad requerida durante el transcurso del mismo año, también se les siguió llamando quintos.

La llegada de este acontecimiento, suponía para el grupo anual de mozos el reconocimiento de su madurez viril; y como demostración de sus capacidades, era muy frecuente la realización de actividades destinadas a exhibir sus dotes de fuerza y de resistencia.

En Garbayuela, El día de la Candelaria, el día anterior al de San Blas, los quintos traían desde las dehesas de los alrededores de la villa, una encina, a ser posible de considerable tamaño, y a la que llamaban: “El leño”, para ser quemada en la plaza. La transportaban en carros empujados por ellos, al tiempo que cantaban canciones alusivas a su próxima partida hacia los destinos cuarteleros que les hubiesen tocado en suerte. Con ellas, conseguían apagar la tristeza de la separación de sus novias de su pueblo y de sus familias.

Por el camino, se les iban uniendo: amigos, padres, paisanos… y algunos de los soldados licenciados de los reemplazos anteriores que, a modo de broma, les intimidaban contándoles las penalidades que les aguardaban durante, esa ya, cercana etapa y entre las que se encontraban las que correspondían a: aprender a marcar el paso y a saber desfilar.

Cuando el leño estaba situado en el lugar convenido, procedían a prenderle fuego con gran profusión de cantes, bailes y aguardiente, en tanto en cuanto golpeaban el tronco con palos y cachiporras cortadas y acondicionadas exprofeso.

Entre estos bailes, es posible, que figurara alguno con el que se intentase imitar los pasos que daba la tropa desfilando, demostrando así a los veteranos espectadores la facilidad con la que ellos también efectuaban esta maniobra militar.

Igualmente es posible, que estos soldados licenciados, trajeran del destino o destinos, donde hubiesen prestado su servicio, el paso de alguna marcha militar propia de su regimiento, y esa noche, o al día siguiente, la escenificasen para el general divertimento de los espectadores congregados.



7.- CONCLUSIÓN.

Alrededor o junto a la tradición del “leño” y de la celebración de los quintos en la noche de la Candelaria, está, para mí, el marco, el escenario y el primigenio germen de la llamada: Danza de San Blas, a la que, por coherencia con lo descrito anteriormente, sería más propio y oportuno denominarla: Danza del día de San Blas.

Para los que echen en falta en este análisis alguna alusión de tipo religioso, les diré que al menos yo, no he encontrado en su música trazas de esa posibilidad. La melodía carece de solemnidad; no reúne las características tampoco, ni de los himnos santorales ni de las marchas procesionales.

Que con el paso del tiempo ha ido ganando terreno devocional es indudable; pero las razones y los motivos de ello, no son objeto de este análisis.

8.- ANEXOS.

Se adjuntan tres videos que respaldarían y ratificarían la exposición planteada.

El primero:

La danza del día de San Blas con sonido de tambor y pífano.


El segundo:

La Academia General Militar de Zaragoza, desfilando con la melodía de esta danza.


El tercero:

Los danzaores danzando al compás de una marcha militar muy utilizada por el ejército español en sus desfiles.




9.- AGRADECIMIENTOS.

En dos de estos videos, se ha utilizado una grabación de José María Calderón del año 2024. Para él mi agradecimiento por su utilización.



En Madrid. A mediados de noviembre de 2025

viernes, 31 de octubre de 2025

Dias de los Santos y de los Difuntos

 1 y 2 de Noviembre.- Días de los Santos y de los Difuntos



     En Garbayuela el día de Todos los Santos es el Día del Bollo.

    Desde hace unos años esta fecha ha dado lugar a la celebración de una especie de romería en la que familiares y amigos se van al campo para darse una buena comilona en la que no faltan los dulces en grandes cantidades, acompañados de bebidas de todas las clases. No hace falta decir más porque todo el mundo sabe el qué y el por qué de la fiesta.

   Hasta hace un par de décadas era completamente diferente. Era una fiesta infantil, de adolescentes y de gente joven, cada grupo por separado, pero más o menos con la misma parafernalia y el mismo objetivo: irse al campo “a comerse el bollo”.

   El bollo era y es un dulce normalmente de bizcocho muy bien adornado con una especie de crema elaborada con clara de huevo y azúcar que hacía las delicias del mejor paladar. También nuestras madres nos los


Bollo de manga gitana

Bollo y frutos.

hacían de “manga gitana”, y de “candelilla” y si por coincidencia de fechas había que alargar los días y se terminaban los que nos habían preparado, acababan echándonos uno “de empanadilla” o “de galleta”. Estos dulces iban acompañados de frutos del otoño: granadas, membrillos, castañas, nueces... Y era obligado que los niños se pasasen por casa de sus abuelos y de sus madrinas para recoger los bollos y las chucherías que les habían comprado. Pero también las suegras habían hecho uno con delicadeza y esmero, y ese iba destinado a las novias de sus hijos junto con algún otro regalo que normalmente era para su ajuar.

  Unos días antes de esta fecha, incluso semanas, niñas y “jovenzuelas”, principalmente, buscaban el sitio más idóneo y aparentemente secreto, para “poner los asentaeros”, limpiar un poco las malezas y colocar unas piedras que servirían después para machar las nueces y almendras que llevaran.

Asentaeros esperando.

Nadie se podía enterar del sitio, aunque siempre eran los mismos: “la floría”, “el baldío”, “la pradera” o “las tierras de la Escola”, y para los más audaces, “el puente de las palomillas”, “el zamorano”, “la corchá” o “tablacorta”. Pero siempre había algún muchacho que bien porque se lo había oído a sus hermana o primas o por lo que fuera, se enteraba del lugar escogido y rápidamente se lo comunicaba a sus amigos para que llegado el día señalado presentarse allí con la intención de quitarlas el bollo, que al fin y al cabo en eso consistía la fiesta, sobre todo en las edades de los catorce o quince años. Se presentaban por sorpresa y rápidamente se iniciaban una serie de carreras campo a través corriendo unos detrás de las otras que terminaban con las cestillas del bollo medio rotas y los dulces y demás zarandajas rodando por el suelo, amén de los arañazos y rasguños en brazos y piernas y los jirones en la ropa, al saltar las paredes. Pero ¡qué risa! y ¡qué bien que nos los hemos pasado”. (No era en todos los grupos igual, y algunos, de verdad, se comían su bollo tranquilamente).

    El grupo de los jóvenes más mayores y mejor organizados, la mayoría novios, se juntaban en casa de algunos de ellos. Se asaban y comían además de dulces, las castañas, acompañadas de bebidas alcohólicos, tipo anís o vinos dulces normalmente caseros. Y así pasaban alegremente las primeras horas de la noche del día 1 de noviembre. Y digo alegremente, porque llegadas las nueve o las diez, todo cambiaba. Empezaban a tañir las campanas de la Iglesia “doblando por los difuntos” y ya el ambiente se enrarecía. Todo el mundo empezaba a irse a sus casas mientras el aire del pueblo se estremecía con aquellos tañidos fúnebres que un par de personas, instaladas en lo alto de la torre de la Iglesia, en el campanario, daban para recordarnos que al día siguiente era el Día de los Difuntos. Estaban doblando hasta el amanecer, al abrigo de una pequeña fogata que se veía desde abajo, y que conseguía conmover a los más pequeños atemorizados por aquellos tañidos y aquellos destellos luminosos que despedían las llamas de la lumbre en lo alto de la torre.

  Estas personas no hacían esta tarea gratis. No. Ya habían pasado el día anterior o ese mismo día, casa por casa, pidiendo un donativo, en dinero o en especie. Y la gente contribuía generosamente con ellos, agradeciendo además esta acción tan “misericordiosa con los difuntos”. Porque en Garbayuela, “doblar por los muertos” era y es la mejor manera de homenajear su recuerdo.

 Voy a callar el nombre del cura que eliminó esta costumbre, pero anterior a éste, raro era el día que no doblaran las campanas quince o treinta minutos, según recursos, por el aniversario “de mes”, “de medio año” “de año”…, por algún difunto.

  Y por último citaré otra costumbre muy peculiar y muy nuestra en lo que se refiere al recuerdo de los difuntos. Ya no tanto, pero todavía se tiene en cuenta en familias de hábitos muy tradicionales:

   “En una familia donde había ocurrido un fallecimiento reciente, si estaban próximas las fiestas de San Blas o de los Santos, estaba claro: ese año no se hacían los dulces típicos de ellas: ni bollos, ni canutos. ¡Y si no puedes ir al bollo, te aguantas! ¡que estamos de luto!, decían nuestras madres. Pero entonces surgía la solidaridad de vecinas y familiares que no tenían relación con el finado, y cada una se presentaba con un obsequio para los niños, de tal manera, que al final resultaba que en esa casa había más bollos y canutos que ningún año”.

   ¡Son las cosas de nuestro pueblo, las “cosas” en las que nos hemos criado!. ¡Y a mucha honra!

Garbayuela, octubre de 2020

Luis A. Agenjo Rivas