domingo, 1 de noviembre de 2026

Días de los Santos y de los Difuntos.



Volvemos a publicar el artículo que en octubre de 2020, escribó Luis Agenjo, sobre la celebración del día de los Santos  y de lo difuntos. La costumbre que, entonces exitían, en nuestro pueblo, Garbayuela.

 1 y 2 de Noviembre.- Días de los Santos y de los Difuntos



     En Garbayuela el día de Todos los Santos es el Día del Bollo.

    Desde hace unos años esta fecha ha dado lugar a la celebración de una especie de romería en la que familiares y amigos se van al campo para darse una buena comilona en la que no faltan los dulces en grandes cantidades, acompañados de bebidas de todas las clases. No hace falta decir más porque todo el mundo sabe el qué y el por qué de la fiesta.

   Hasta hace un par de décadas era completamente diferente. Era una fiesta infantil, de adolescentes y de gente joven, cada grupo por separado, pero más o menos con la misma parafernalia y el mismo objetivo: irse al campo “a comerse el bollo”.

   El bollo era y es un dulce normalmente de bizcocho muy bien adornado con una especie de crema elaborada con clara de huevo y azúcar que hacía las delicias del mejor paladar. También nuestras madres nos los


Bollo de manga gitana

Bollo y frutos.

hacían de “manga gitana”, y de “candelilla” y si por coincidencia de fechas había que alargar los días y se terminaban los que nos habían preparado, acababan echándonos uno “de empanadilla” o “de galleta”. Estos dulces iban acompañados de frutos del otoño: granadas, membrillos, castañas, nueces... Y era obligado que los niños se pasasen por casa de sus abuelos y de sus madrinas para recoger los bollos y las chucherías que les habían comprado. Pero también las suegras habían hecho uno con delicadeza y esmero, y ese iba destinado a las novias de sus hijos junto con algún otro regalo que normalmente era para su ajuar.

  Unos días antes de esta fecha, incluso semanas, niñas y “jovenzuelas”, principalmente, buscaban el sitio más idóneo y aparentemente secreto, para “poner los asentaeros”, limpiar un poco las malezas y colocar unas piedras que servirían después para machar las nueces y almendras que llevaran.

Asentaeros esperando.

Nadie se podía enterar del sitio, aunque siempre eran los mismos: “la floría”, “el baldío”, “la pradera” o “las tierras de la Escola”, y para los más audaces, “el puente de las palomillas”, “el zamorano”, “la corchá” o “tablacorta”. Pero siempre había algún muchacho que bien porque se lo había oído a sus hermana o primas o por lo que fuera, se enteraba del lugar escogido y rápidamente se lo comunicaba a sus amigos para que llegado el día señalado presentarse allí con la intención de quitarlas el bollo, que al fin y al cabo en eso consistía la fiesta, sobre todo en las edades de los catorce o quince años. Se presentaban por sorpresa y rápidamente se iniciaban una serie de carreras campo a través corriendo unos detrás de las otras que terminaban con las cestillas del bollo medio rotas y los dulces y demás zarandajas rodando por el suelo, amén de los arañazos y rasguños en brazos y piernas y los jirones en la ropa, al saltar las paredes. Pero ¡qué risa! y ¡qué bien que nos los hemos pasado”. (No era en todos los grupos igual, y algunos, de verdad, se comían su bollo tranquilamente).

    El grupo de los jóvenes más mayores y mejor organizados, la mayoría novios, se juntaban en casa de algunos de ellos. Se asaban y comían además de dulces, las castañas, acompañadas de bebidas alcohólicos, tipo anís o vinos dulces normalmente caseros. Y así pasaban alegremente las primeras horas de la noche del día 1 de noviembre. Y digo alegremente, porque llegadas las nueve o las diez, todo cambiaba. Empezaban a tañir las campanas de la Iglesia “doblando por los difuntos” y ya el ambiente se enrarecía. Todo el mundo empezaba a irse a sus casas mientras el aire del pueblo se estremecía con aquellos tañidos fúnebres que un par de personas, instaladas en lo alto de la torre de la Iglesia, en el campanario, daban para recordarnos que al día siguiente era el Día de los Difuntos. Estaban doblando hasta el amanecer, al abrigo de una pequeña fogata que se veía desde abajo, y que conseguía conmover a los más pequeños atemorizados por aquellos tañidos y aquellos destellos luminosos que despedían las llamas de la lumbre en lo alto de la torre.

  Estas personas no hacían esta tarea gratis. No. Ya habían pasado el día anterior o ese mismo día, casa por casa, pidiendo un donativo, en dinero o en especie. Y la gente contribuía generosamente con ellos, agradeciendo además esta acción tan “misericordiosa con los difuntos”. Porque en Garbayuela, “doblar por los muertos” era y es la mejor manera de homenajear su recuerdo.

 Voy a callar el nombre del cura que eliminó esta costumbre, pero anterior a éste, raro era el día que no doblaran las campanas quince o treinta minutos, según recursos, por el aniversario “de mes”, “de medio año” “de año”…, por algún difunto.

  Y por último citaré otra costumbre muy peculiar y muy nuestra en lo que se refiere al recuerdo de los difuntos. Ya no tanto, pero todavía se tiene en cuenta en familias de hábitos muy tradicionales:

   “En una familia donde había ocurrido un fallecimiento reciente, si estaban próximas las fiestas de San Blas o de los Santos, estaba claro: ese año no se hacían los dulces típicos de ellas: ni bollos, ni canutos. ¡Y si no puedes ir al bollo, te aguantas! ¡que estamos de luto!, decían nuestras madres. Pero entonces surgía la solidaridad de vecinas y familiares que no tenían relación con el finado, y cada una se presentaba con un obsequio para los niños, de tal manera, que al final resultaba que en esa casa había más bollos y canutos que ningún año”.

   ¡Son las cosas de nuestro pueblo, las “cosas” en las que nos hemos criado!. ¡Y a mucha honra!

Garbayuela, octubre de 2020

Luis A. Agenjo Rivas


domingo, 30 de agosto de 2026

Exposición: "Garbayuela abre sus casas"



 GARBAYUELA ABRE SUS CASAS


Buenos dias, grupo. Comunicar que el domingo 16, clausuramos la Exposición

 fotográfica: “ Garbayuela abre sus casas” que hemos celebrado desde el día 12

 hasta el 16 de agosto.

Con este folleto que distribuimos por las casas de Garbayuela, dábamos a conocer 

cual era la temática de la Expo de este año.



BIENVENIDOS

En Garbayuela, en la Siberia extremeña, la casa empieza antes de entrar. La puerta, el umbral y el pasillo forman un pequeño territorio donde la calle se apaga y la intimidad despierta. Allí se templa el cuerpo, se posa la luz y la vida cotidiana deja sus primeras huellas.

Esta exposición invita a recorrer ese espacio discreto y esencial. A mirar cómo cada entrada —austera o llena de gestos— habla de quienes viven dentro y de quienes vivieron antes. A descubrir que un pasillo puede ser camino, refugio, memoria.

“Garbayuela, abre sus casas” es un viaje breve: de la calle al interior, de la luz abierta al silencio doméstico, de lo visible a lo que solo se intuye.

Un tránsito que revela, en su sencillez, la forma de habitar un territorio.

Asociación Cultural FUENTELAMORA, de Garbayuela.


La Exposición ha recibido la visita de 203 personas, lo que nos da 203 razones para seguir este camino, que iniciamos hace 6 años exponiendo cuadros pintados por artistas de Garbayuela, pasando por Garbayuela abre el baúl, artesanos de nuestro pueblo, patios y, la de este año, entradas a las casas.


Hemos dado a conocer ese patrimonio particular que atesora Garbayuela y, todo gracias a la colaboración desinteresada de las personas, que nos ha permitido llevar a buen término esta tarea, así como a los soci@s, que con sus cuotas hacen posible que realicemos estas actividades.


Nuestro agradecimiento a ellas y a todos los visitantes que han pasado por el Corral del Concejo, que el Ayuntamiento de Garbayuela siempre ha puesto a nuestra disposición. Desde aquí agradecemos su colaboración.


A José Pastor Malara, como autor de las fotografías que se han expuesto y su predisposición cada vez que le llamamos para que hiciera las fotos, desplazándose desde Tamurejo. Gracias Pepe.


A Emilio Ortega Camacho, socio y colaborador, unas gracias especiales, porque dos días antes de finalizar la Expo, le comentamos si podría componer una poesía sobre la exposición, que sería leída el día de la clausura. Así lo hace, comentándonos : “ He querido reflejar en el soneto lo que no se aprecia en las fotografías: los olores, la historia y los recuerdos de las personas que las habitaron con anterioridad”

Y el soneto dice:

CASAS DE GARBAYUELA


( Con motivo de la exposcición fotográfica )



Ermitas de recuerdos venerables

donde viven y moran las infancias;

donde siguen eternas las fragancias

que les dieron la impronta de imborrables.


Porque huelen a lumbre de camillas.

A espiguetas melosas de matanza.

A cantarera antigua de añoranza.

A canutos del santo y a rosquillas.


Benditos santuarios de vivencia

revestidos de sueños y de historia.

No permita la rueda de la noria


desperdiciar el bien de su existencia.

Pues las casas custodian la memoria

de los que nos donaron su ascendencia.


Emilio Ortega Camacho

En Madrid a mediados de agosto de 2026

Se leyó en la clausura,, sirviendo como complemento de información junto con los paneles explicativos que acompañaban a las fotografías.

Gracias a nuestro socio Julio Lázaro Alcobendas, que como cada año ha realizado un vídeo sobre la Expo, para que quienes no pudieron verla en directo, lo hagan de manera virtual.

Para visionar el video: aquí


Y gracias también a Miguel Ángel Sánchez López, socio también, que nos está preparando otro vídeo de la Expo, enfocado de otra manera.



Tras la clausura, sorteamos entre los que ofrecieron sus casas, para que fotografiáramos sus entradas, un décimo de lotería, de la que juega la Asociación y una camiseta de la misma.


También regalamos una papeleta a cada visitante de la Expo, como detalle por visitarla, para participar en el sorteo de un décimo de lotería y una camiseta.


Y finalmente invitamos a todas las casas participantes y colaboradores a un aperitivo.

Inauguración por José Manuel Romero, alcalde de Garbayuela.


Visitas

Visitas


Aperitivo

Clausura por parte de Ángel Luis Cendrero, presidente de la Asociación.


Asociación Cultural Fuentelamora.

martes, 11 de agosto de 2026

El polluelo Genovevo

 

7-7-2020 GENOVEVO.

Mediado el mes de agosto, escribiendo estos renglones me pregunto qué será de Genovevo. Así es como bautizamos al cernícalo primilla que casualmente encontramos en una calle de Siruela un caluroso día de julio. Vigoroso y lleno de vida, no puedo imaginarlo de otra forma que no sea volando libre junto a otros de su especie que seguramente corrieron la misma suerte. Después de completar su desarrollo en las mejores manos, estará contando los días para acometer el largo viaje que le llevará a tierras africanas. Caprichoso fue el azar cuando lo puso en nuestro camino, si ese era su destino, le dio otra oportunidad.

La historia de Genovevo no es otra que la de cientos o miles de animales extraviados, huérfanos o heridos que quedan desamparados cada año. Quiso la casualidad que nos encontráramos con él en una estrecha calle que accede a la plaza de Siruela, junto al convento de La Purísima Concepción. Desorientado, permanecía en el suelo a merced de los vehículos y los peligros que siempre están presentes en el entorno urbano. Rápidamente me bajé del coche para recogerlo. Aparentemente no presentaba lesiones y se encontraba en perfectas condiciones físicas. Lo más probable es que hubiera caído de algún tejado u oquedad, empujado por los hermanos mayores o por el espantoso calor de estos días. Tuvo suerte, porque el golpe tuvo que ser considerable. Generalmente, el ambiente que se respira en los nidos no es tan pacífico y acogedor como cabría esperar. La competencia por el alimento es despiadada y en no pocas ocasiones los pollos más desmedrados lo pagan con su vida o son expulsados sin contemplaciones.

Mientras volvíamos a casa nos preguntándonos por el camino qué íbamos a hacer con el polluelo, aunque lo recomendable en estos casos es ponerse en contacto con un centro de recuperación de fauna salvaje, y esto hicimos. Para estos menesteres no hay mejor referente en la provincia de Badajoz que la acreditada ONG para la conservación de especies silvestres AMUS (Acción por el Mundo Salvaje), con sede en Villafranca de los Barros, pero amablemente nos comunicaron que hasta otro día no podían desplazarse para recogerlo.


(Foto: Jesús M. García Luengo)

En un primer momento tenía dudas respecto a la especie del polluelo. Un cernícalo era, no había duda, pero hay que tener en cuenta que el cernícalo primilla y el vulgar suelen coincidir en el mismo hábitat. Sin otra referencia, el color de las uñas es un rasgo orientativo que puede servir para hacer una correcta identificación cuando los polluelos aún tienen plumón, pero hasta este detalle era confuso: si negras las tienen los vulgares y blancas los primillas, las uñas de Genovevo eran indefinidas.

El tierno polluelo pasó toda la tarde con nosotros y buena parte de la mañana haciendo gala de un carácter confiado y curioso que nos cautivó. Incluso se embauló media salchicha de pollo, cuando lo normal es que no hubiera probado bocado.


( Dibujo: Jesús M. García Luengo )


El polluelo pasó la noche sin novedad y se levantó muy espabilado. Recadeó en el buche otra ración de salchicha y estuvo de mano en mano hasta que vinieron a recogerlo a mediodía. Cuando le expliqué las incidencias y mis razonables dudas a Antonio, el responsable de AMUS que se encargó de su traslado, nos comentó que la docilidad y el apacible carácter del cernícalo primilla es una pista relativamente fiable para diferenciarlo del temperamental vulgar cuando son polluelos. En cuanto se lo mostramos, no lo dudó.

Y así comenzó y terminó nuestra corta pero intensa relación con Genovevo. Un intrépido viajero, un primilla descarriado, que quiso volar muy lejos y cayó desde un tejado.



“Existir como ser humano continúa siendo para mí un enigma, pero este enigma está para mí más claro, es más rico y más habitable al entrar en contacto con esos enigmas que son los demás seres vivos” (Babtiste Morizot).




“El Observador”




viernes, 31 de julio de 2026

Versos para el verano

      VERSOS PARA RECORDAR


La sonoridad silenciosa de unos versos que, nos trasladan a rincones y lugares, y nos recuerdan momentos gratos y placenteros, hacen que las calores propias de esta estación, sean mas llevaderas y, a la vez, refresquen nuestras horas mas íntimas.

Emilio Ortega Camacho, nos ofrece algunas de sus poesías relacionadas con parajes de Garbayuela.


LA VEREDA VIEJA


Ayer me fui por la vereda vieja

que sube entre las zarzas y el durillo;

ansioso por hacer un descansillo

en la fuente que llaman: de la teja.


Sediento por saciar de su bandeja

la sed que da el camino del castillo,

Embriagado del brezo y el tomillo,

me arrebujó la paz de la calleja.


Y de nuevo miré desde la altura,

el llano esplendoroso de encinares.

El verde gris oscuro de olivares


y el añil del cantueso en la apretura.

Siempre será testigo esta llanura

del motivo que inspira mis cantares:


El amor que te tengo, Extremadura.



Emilio Ortega Camacho



A LA FUENTE DEL “EJIO”


Alrededor del chorro de tus caños,

y entre huellas que dejan las esperas,

se juntaban las mozas casaderas

para hablar de pasiones y de engaños.


Y tal vez; allá en tus aledaños.

un muchacho de ardientes primaveras,

rebuscaba la forma y las maneras

de declarar su amor en tus peldaños.


La de veces que ha visto tu corriente

Concertar una cita con premura,

transportar al cuadril de una cintura


la pretensión de un cántaro viviente.

La sed de este lugar de Extremadura,

fue saciada por ti: ¡ Mil gracias, fuente!


Emilio Ortega Camacho

Madrid, a finales de septiembre del 2022