martes, 11 de agosto de 2026

El polluelo Genovevo

 

7-7-2020 GENOVEVO.

Mediado el mes de agosto, escribiendo estos renglones me pregunto qué será de Genovevo. Así es como bautizamos al cernícalo primilla que casualmente encontramos en una calle de Siruela un caluroso día de julio. Vigoroso y lleno de vida, no puedo imaginarlo de otra forma que no sea volando libre junto a otros de su especie que seguramente corrieron la misma suerte. Después de completar su desarrollo en las mejores manos, estará contando los días para acometer el largo viaje que le llevará a tierras africanas. Caprichoso fue el azar cuando lo puso en nuestro camino, si ese era su destino, le dio otra oportunidad.

La historia de Genovevo no es otra que la de cientos o miles de animales extraviados, huérfanos o heridos que quedan desamparados cada año. Quiso la casualidad que nos encontráramos con él en una estrecha calle que accede a la plaza de Siruela, junto al convento de La Purísima Concepción. Desorientado, permanecía en el suelo a merced de los vehículos y los peligros que siempre están presentes en el entorno urbano. Rápidamente me bajé del coche para recogerlo. Aparentemente no presentaba lesiones y se encontraba en perfectas condiciones físicas. Lo más probable es que hubiera caído de algún tejado u oquedad, empujado por los hermanos mayores o por el espantoso calor de estos días. Tuvo suerte, porque el golpe tuvo que ser considerable. Generalmente, el ambiente que se respira en los nidos no es tan pacífico y acogedor como cabría esperar. La competencia por el alimento es despiadada y en no pocas ocasiones los pollos más desmedrados lo pagan con su vida o son expulsados sin contemplaciones.

Mientras volvíamos a casa nos preguntándonos por el camino qué íbamos a hacer con el polluelo, aunque lo recomendable en estos casos es ponerse en contacto con un centro de recuperación de fauna salvaje, y esto hicimos. Para estos menesteres no hay mejor referente en la provincia de Badajoz que la acreditada ONG para la conservación de especies silvestres AMUS (Acción por el Mundo Salvaje), con sede en Villafranca de los Barros, pero amablemente nos comunicaron que hasta otro día no podían desplazarse para recogerlo.


(Foto: Jesús M. García Luengo)

En un primer momento tenía dudas respecto a la especie del polluelo. Un cernícalo era, no había duda, pero hay que tener en cuenta que el cernícalo primilla y el vulgar suelen coincidir en el mismo hábitat. Sin otra referencia, el color de las uñas es un rasgo orientativo que puede servir para hacer una correcta identificación cuando los polluelos aún tienen plumón, pero hasta este detalle era confuso: si negras las tienen los vulgares y blancas los primillas, las uñas de Genovevo eran indefinidas.

El tierno polluelo pasó toda la tarde con nosotros y buena parte de la mañana haciendo gala de un carácter confiado y curioso que nos cautivó. Incluso se embauló media salchicha de pollo, cuando lo normal es que no hubiera probado bocado.


( Dibujo: Jesús M. García Luengo )


El polluelo pasó la noche sin novedad y se levantó muy espabilado. Recadeó en el buche otra ración de salchicha y estuvo de mano en mano hasta que vinieron a recogerlo a mediodía. Cuando le expliqué las incidencias y mis razonables dudas a Antonio, el responsable de AMUS que se encargó de su traslado, nos comentó que la docilidad y el apacible carácter del cernícalo primilla es una pista relativamente fiable para diferenciarlo del temperamental vulgar cuando son polluelos. En cuanto se lo mostramos, no lo dudó.

Y así comenzó y terminó nuestra corta pero intensa relación con Genovevo. Un intrépido viajero, un primilla descarriado, que quiso volar muy lejos y cayó desde un tejado.



Existir como ser humano continúa siendo para mí un enigma, pero este enigma está para mí más claro, es más rico y más habitable al entrar en contacto con esos enigmas que son los demás seres vivos” (Babtiste Morizot).




El Observador”




viernes, 31 de julio de 2026

Versos para el verano

      VERSOS PARA RECORDAR


La sonoridad silenciosa de unos versos que, nos trasladan a rincones y lugares, y nos recuerdan momentos gratos y placenteros, hacen que las calores propias de esta estación, sean mas llevaderas y, a la vez, refresquen nuestras horas mas íntimas.

Emilio Ortega Camacho, nos ofrece algunas de sus poesías relacionadas con parajes de Garbayuela.


LA VEREDA VIEJA


Ayer me fui por la vereda vieja

que sube entre las zarzas y el durillo;

ansioso por hacer un descansillo

en la fuente que llaman: de la teja.


Sediento por saciar de su bandeja

la sed que da el camino del castillo,

Embriagado del brezo y el tomillo,

me arrebujó la paz de la calleja.


Y de nuevo miré desde la altura,

el llano esplendoroso de encinares.

El verde gris oscuro de olivares


y el añil del cantueso en la apretura.

Siempre será testigo esta llanura

del motivo que inspira mis cantares:


El amor que te tengo, Extremadura.



Emilio Ortega Camacho



A LA FUENTE DEL “EJIO”


Alrededor del chorro de tus caños,

y entre huellas que dejan las esperas,

se juntaban las mozas casaderas

para hablar de pasiones y de engaños.


Y tal vez; allá en tus aledaños.

un muchacho de ardientes primaveras,

rebuscaba la forma y las maneras

de declarar su amor en tus peldaños.


La de veces que ha visto tu corriente

Concertar una cita con premura,

transportar al cuadril de una cintura


la pretensión de un cántaro viviente.

La sed de este lugar de Extremadura,

fue saciada por ti: ¡ Mil gracias, fuente!


Emilio Ortega Camacho

Madrid, a finales de septiembre del 2022


sábado, 23 de mayo de 2026

Visita cultural a Talarrubias y Casas de Don Pedro ( Badajoz )


 VISITA CULTURAL A TALARRUBIAS Y CASAS DE DON PEDRO ( BADAJOZ )


     El dia 25 de mayo, y como es costumbre en primavera, realizamos una visita cultural, en este caso a los pueblos de Talarrubias y Casas de Don Pedro. 

     En esta ocasión conocimos mas en profundidad el patrimonio cultural que atesoran estos dos pueblos. En Talarrubias, Rocío, la guía turística que nos iba a acompañar en el recorrido por el pueblo, por motivos de salud, no pudo hacerlo, y entre D. Francisco, párroco del pueblo, Ángel Luis y Justo, explicaron sobre los distintos monumentos de interés que tiene Talarrubias. Sin olvidarnos agradecer a Tomasi, su colaboración para que estuvieran abiertas las ermitas y parroquia.

     Visitamos: la ermita de san Roque, la Iglesia de santa Catalina de Alejandría y la capilla del Carmen con su cúpula rococó. Escudos nobiliarios y la maravillosa fachada de la casa del Patio. La fuente Trifón de origen medieval, la fuente de los 4 pantanos y por último la ermita de la Virgen Coronada.

     A continuación nos dirigimos a Casas de Don Pedro, donde nos esperaba Manuel Miranda, que fue nuestro guía y nos explicó el patrimonio cultural del pueblo.

     Visitamos la iglesia de san Pedro apóstol, la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, la escultura "Ayuda al caído" de Juan de Ávalos y ¡cómo no! la tienda del grupo musical Los sanguijuelas del Guadiana y  su mosaico de azulejos con su nombre. (La actualidad manda). 

A continuación de las visitas y tras una mañana llena de cultura, era hora de llenar la panza. Así lo hicimos y para bien.

Algunas fotos de las visitas.

TALARRUBIAS

Ermita de san Roque


D. Francisco


Callejeando


En la Plaza







Interior Iglesia Sta. Catalina


Iglesia Sta. Catalina















 Capilla y cúpula  del Carmen





Portada de una de las casas con escudo heráldico

Fachada de la Casa del Patio

Ermita de la Virgen Coronada

Patrona de Talarrubias



Componentes del grupo

CASAS DE DON PEDRO




Iglesia de san Pedro 

Ermita Nª Srª de los Remedios

Retablo de la Ermita
Interior patio casa particular
De rabiosa actualidad en Casas de Don Pedro
Una de las casas solariegas




Paseando por el casco urbano


 Y PARA FINALIZAR LA MAÑANA DIDÁCTICA






Arroz

Carne

sábado, 28 de marzo de 2026

Garbayuela, primaveras pasadas.


   Con el comienzo de una nueva estación , nos trae "El Observador", ( Jesús Manuel García Luengo ) unos extractos de sus relatos de  primaveras de  años atrás.


RETROSPECTIVA PRIMAVERAL.






Revitalizada y agradecida, la tierra castigada por las veleidades de un clima imprevisible al que le sobran la mitad de las estaciones, se muestra esplendorosa, con ese añorado aspecto que lucían las exuberantes primaveras antiguas, de las que queda poco más que un polvoriento recuerdo en la memoria ("El Observador"; 18/4/2018).


La inestabilidad meteorológica se ha instalado estas fechas en forma de persistentes y virulentas tormentas que descargan agua como si la tiraran a cubos allí donde se hacen fuertes.  El ambiente, fresco y desagradable en ocasiones, así como tórrido cuando el sol de mayo asoma la “gaita” entre los cárdenos nubarrones, es tan imprevisible, que a lo largo del día tan pronto te sobra la manga larga, como te hace falta ("El Observador"; 19/5/2018).


Pese a la falta de precipitaciones, las dehesas agradecen los puntuales chaparrones primaverales y se muestran verdes y exuberantes. ¡Qué poco necesita el austero reino de la encina para mostrar su mejor cara! A pesar de las bajas temperaturas y la medida humedad que receta la climatología por estas latitudes, impresiona desparramar la vista y contemplar la espectacular floración de jaras, cantuesos, aulagas y retamas que engalanan y perfuman las umbrías y solanas ("El Observador"; 20/4/2021).

Paraje: Tablacorta. (Foto: Jesús M. García Luengo)


     Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas… Con estas pocas palabras podría describir sin equivocarme cómo se presenta la todavía joven primavera. El viento mece la exuberante dehesa que comienza a teñirse de intensos colores, realzando aún más si cabe el tapiz esperanza que generosamente cubre la tierra mojada hasta donde se pierden los sentidos ("El Observador"; 7/4/2010).

Paraje: Tablacorta (Foto: Jesús M. García Luengo)


Pasado el inestable mes de marzo, la primavera hace acto de presencia con tal  fuerza, que sufrimos estos días con incredulidad y resignación la subida del termómetro hasta unos insoportables 30º. ¡Qué calor!

Entrado abril, las dehesas lucen hermosas a la espera de la explosión floral que transformará el manto verde en un precioso y singular mosaico. Es difícil enumerar y describir la extraordinaria variedad de plantas que florece al abrigo de las encinas, que estos días exhiben primorosas sus dorados amentos. Tonos amarillos, blancos, morados, rojos… se entremezclan en la alfombra multicolor que pisa la protectora dehesa. Regada por borrascas atlánticas, majadeada por la merina y caldeada por un sol generoso, se viste de gala estos días para disfrute de nuestros sentidos; limitados, quizá, para asimilar tan extraordinaria y perturbadora belleza ("El Observador"; 8/4/2014). 


La primavera se ha hecho presente y con ella todo el despliegue de efectos y acontecimientos a los que indisolublemente está unida. Si estos días las calles suenan a  marchas procesionales de tambores y cornetas, la ribera del Guadalemar suena a dulce música de carboneros y ruiseñores ("El Observador"; 9/4/2017).



Las dehesas están esplendorosas. Verde y exuberante, el majestuoso reino de la encina ofrece estos días su mejor cara. Tierra agradecida donde las haya, han bastado unas irregulares lluvias de abril para convertir el deslucido paisaje en una alfombra multicolor de matices y aromas diversos. Es tiempo de renovación y amoríos. Cucos, tórtolas viajeras, ruiseñores y oropéndolas cantan sin cesar hasta las últimas luces. El turno de las ranitas arborícolas comienza entonces su trepidante sonata. En primavera no existe el silencio. Las dehesas estos días no callan. Las avecillas incuban sus puestas y la encina se viste de gala ("El Observador"; 30/4/2016).


¡El agua nos sale por las orejas! Desde la nevada del día 28 de febrero no ha dejado de llover con más o menos intensidad y el agua se derrama briosa buscando los albañales. El campo, inundado, es incapaz de absorber una gota más. Ríos, arroyos, regatos y pantanos están a tope; aventados, como se suele decir por estas tierras. Hace muchos días que llueve sobre mojado, y lo peor, o lo mejor, según se mire, es que las previsiones meteorológicas dicen que va a seguir lloviendo.

Con los niveles de agua garantizados, la primavera que se barrunta pinta tan espectacular como amenazadora para los alérgicos y los fervorosos cofrades, que miran al cielo temerosos, contando los días que quedan para una Semana Santa que está a la vuelta de la esquina. Por la parte que me toca, porque religioso no soy, lo llevaré con resignación, aunque mi penitencia no es cualquier cosa ("El Observador"; 17/3/2013).

Paraje: Orilla río Siruela (Foto: Jesús M. García Luengo)


Los tonos amarillos comienzan a imponerse en las dehesas anunciando el cambio de ciclo que inexorablemente se hará dueño en los próximos meses. El aroma dulzón de las retamas en plena floración perfuma la brisa cálida de mayo tardío y la bella Digitalis pone el punto de color allí donde la dehesa se quiebra. La incesante melodía de la oropéndola evoca tierras lejanas y la perdiz arropa a los pollitos que hoy presentó a la primavera. Pajarillos nuevos reclaman atenciones a cada paso; un conejillo huye asustado del tamujo haciendo dibujos y la cigüeña negra, siempre majestuosa, me sobrevuela indiferente al ciento largo de buitres que se dan un festín en la loma pelada. Huele a tomillo, a jara, a cantueso, a tierra mojada; la dehesa bulle de vida; la dehesa no puede estar más guapa (“El Observador”; 30/5/2011).


Restalla un lamento en los desolados campos y dehesas donde se cuece el pan que los artesanos de la tierra llevan a la mesa. Agricultores y ganaderos, olvidados por las veleidades de un clima sin conciencia y olvidados por quien debería tenerla, miran con desasosiego al cielo y solo reciben su desprecio, cuando nadie como ellos cuida y mima la tierra. Mientras tanto, san Isidro no da abasto estos días para atender a las plegarias de una devota feligresía que lo trasiega en andas por unos secarrales que ni los más viejos han conocido. Aunque algo más que ruegos y plegarias al santo hacen falta para cambiarle la cara al paisaje asurado por las espantosas temperaturas de un rabioso sol agostizo (“El Observador”; 16/4/2023).


Hubo primavera, me dijeron, y las dehesas lucieron hermosas gracias a las generosas lluvias que empaparon la tierra durante buena parte del mes de abril, incluso mayo.

Verde en todos sus matices, la vegetación mediterránea de nuestros montes rebosa vitalidad y muestra un aspecto inmejorable. ¡Qué bien huele el aire de las mañanas veraniegas! Impregnado de embriagadores aromas, está por inventar un perfume que supere la indescriptible sensación que produce tal combinación de esencias. A cada paso respiro ládano, resina, leña seca y hierba tostada, recordando lo mucho que anhelaba perfumarme de tierra (“El Observador”; 20/6/2020).


Paraje: Tablacorta (Foto: Jesús M. García Luengo)


El Observador”